El 27 de agosto fue su último día en funciones, luego de que la semana pasada llevara adelante su último juicio. Está en el Poder Judicial de Tierra del Fuego desde su fundación.
Ayer, en diálogo con el programa Periodismo de Radio Provincia, el ahora ex juez repasó su carrera, habló de la ansiedad que atraviesa a quienes deben “elegir las palabras” para transmitir decisiones que afectan vidas, y contó por qué en esta última etapa dejó de sentirse cómodo dictando fallos.
“No lo soporté más”
Varela reconoció que en los últimos tiempos le costaba no tanto dictar los fallos sino asumirlos. Lo comparó con un proceso de maduración lento: “va empezando de a poquito, cambia el color”, dijo sobre cómo fue tomando dimensión, con los años, de lo que implica cada decisión judicial. “No era lindo entender lo que es la pena, el daño que se causa a todo el mundo”, reflexionó, y agregó una frase que resume buena parte de su despedida: “nadie queda conforme con nada”. Fue en ese punto cuando explicó, sin vueltas, su decisión: “eso no lo soporté más, no lo soporto”.
Es una definición que también ayuda a entender al hombre detrás del cargo. A lo largo de su carrera, Varela tuvo gestos que excedieron la letra fría de la ley: por estos días, sin las obligaciones de la agenda judicial, dedica buena parte de su tiempo libre a llevar y traer a sus nietos de la escuela. Por ahora no tiene pensado irse de la provincia: su familia vive acá.
De la defensa a los tribunales de familia
El ex juez recordó también su paso por la defensa pública en Buenos Aires, con una anécdota que lo marcó: la promesa incumplida de una excarcelación que él mismo había trasladado a la familia de un detenido. “Fui un día a la tarde, dijeron que no llegaron a excarcelar, entonces me senté en la escalinata del Palacio de Justicia y me puse a llorar”, relató.
Sobre su etapa como juez de Familia —diez años que, según contó, no imaginaba que iban a gustarle tanto— fue igual de sincero: “no me gustó mucho” al principio, admitió, aunque terminó descubriendo ahí “los problemas conyugales de cerca” y calificó esos años como “realmente hermosos”.
Los casos más difíciles
Consultado sobre los expedientes más complejos que le tocó resolver en más de dos décadas en el Tribunal de Juicio, Varela fue categórico: “no hay ningún caso simple”. Para el ex juez, la dificultad no pasa por la complejidad técnica sino por la necesidad de explicar las razones y las circunstancias detrás de cada conducta humana. Mencionó especialmente un expediente que lo obligó a profundizar en el estudio de los delitos sexuales, vinculado a una autoridad acusada por ese tipo de hechos.
El estudioso que se resiste a la vidriera
Varela se definió como “un gran lector”, con “una biblioteca muy generosa” y varias diplomaturas en la Federación de la Magistratura, algo que —dijo— le permitió acompañar el cambio de paradigma que trajo la perspectiva de género y los derechos humanos al Poder Judicial: “cuando me di cuenta que existía el otro género, entendí. Uno va estudiando y se va dando cuenta de lo que es la sociedad”.
Ese perfil bajo también se refleja en su vínculo con la comunidad. A diferencia de otros funcionarios judiciales, Varela es de los que se cruzan en la calle o en el supermercado sin sobresaltos. Él mismo lo graficó con humor cuando le preguntaron qué debía tener en cuenta un joven abogado para ser un buen juez: “¿cuándo te saludan? Depende cómo te saludan en el supermercado ¿si te putean en silencio, no?”. Y fue más allá: “acá no podés esconderte, te conoce todo el mundo. Yo andaba en bicicleta en un momento con mi perro y era famoso”.
Es, dicen quienes lo conocen, uno de esos jueces que efectivamente puede salir a la calle sin que lo insulten, algo que no todos los integrantes del Poder Judicial fueguino y del país pueden decir. Lejos de escudarse en aquella frase de que “los jueces hablan a través de sus sentencias”, Varela mantuvo siempre un contacto genuino y directo con la prensa y con la comunidad, algo que quedó reflejado también en esta despedida radial.
Lo que quedó pendiente
Sobre eventuales objetivos no cumplidos, el ex juez admitió que alguna vez pensó en dar un paso más dentro de la carrera judicial: “alguna vez pensé en ser ministro del Superior Tribunal de Justicia”. También bromeó con la idea de tener su propio programa de radio o televisión.
Al recomendar a un joven abogado que aspire a ser juez, su consejo fue simple: “que no deje de estudiar nunca”.
Un cierre sin ruido, en medio de un recambio que preocupa
Juan José Varela se retira después de 23 años en el Tribunal de Juicio del Distrito Judicial Norte y de una carrera que abarcó, además, la fiscalía y la Justicia de Familia. Lo hace sin cuestionamientos públicos, algo que en el ambiente judicial fueguino no es un dato menor. Después de más de dos décadas interviniendo de manera directa en la vida de las personas —con todo el desgaste emocional que eso conlleva—, deja el cargo, pero no la provincia: se queda, entre libros y nietos.
Pero la salida de Varela no ocurre en el vacío. Antes de su último día de trabajo ya estaba abierto el concurso para cubrir su vacante, junto a la del también jubilado Julián De Martino: la maquinaria judicial no se detiene, y sigue funcionando con el mismo reglamento del Consejo de la Magistratura que, hoy, es blanco de serios cuestionamientos por la falta de transparencia en la selección de jueces y en los ingresos a la carrera judicial. De hecho, distintos sectores —el Superior Tribunal de Justicia, el Colegio de Abogados, legisladores provinciales— vienen discutiendo en paralelo al menos dos proyectos para reformar ese reglamento, sin que hasta ahora haya una resolución definitiva.
Tierra del Fuego transitan así una época de recambio en su Poder Judicial, con jueces históricos que se van y vacantes que ya empiezan a llenarse. Pero lo nuevo no siempre es lo mejor: la partida de perfiles como el de Varela —de esos que, según sus palabras, se pueden cruzar en el supermercado sin que los increpen— deja una vara alta en un sistema que todavía discute, puertas adentro, cómo garantizar que quienes lleguen a ocupar esos lugares lo hagan por mérito y no por otra cosa.





