Un grupo de vecinos de Tolhuin, liderado por Emilio Sáenz, dueño de la Panadería La Unión, reconstruyó en apenas 15 días la casa de José “Pelusa” Alarcón, un hombre de 83 años que vivía en condiciones de extrema marginalidad. Además de una vivienda nueva, le devolvieron algo que hacía tiempo no tenía: compañía y cuidado.
Un grupo de vecinos de Tolhuin protagonizó una historia solidaria que trascendió al resto de la provincia: en apenas quince días, reconstruyeron por completo la vivienda de José “Pelusa” Alarcón, un hombre de 83 años que vivía en condiciones de extrema precariedad, sin higiene ni contención. La iniciativa fue impulsada por Emilio Sáenz, propietario de la panadería La Unión, quien contó los detalles del operativo solidario en el programa Periodismo, que se emite por Radio Provincia.

Un hallazgo que conmovió al barrio
Sáenz relató que hace décadas conoce a Alarcón: fue él quien, hace más de 40 años, lo ayudó a instalar el primer horno de su panadería. Aunque lo veía habitualmente con una vestimenta deteriorada, nunca imaginó en qué condiciones vivía hasta que un vecino le pidió ayuda para intervenir en la situación. Al ingresar a la vivienda se encontró con un escenario que describió como indignante: basura acumulada, roedores, colchones tirados junto a residuos y un fuerte olor imposible de tolerar.
“No se imaginan lo que había ahí, cómo vivía. No se puede creer”, relató Sáenz sobre el estado de la casa antes de la intervención.
Una obra solidaria en tiempo récord
A partir de ese hallazgo, Sáenz convocó a un albañil y organizó junto a un grupo de entre diez y doce vecinos la refacción completa del espacio, aprovechando una estructura que ya existía dentro de la casa. En dos semanas reforzaron el piso, los tirantes y el techo, colocaron revestimientos nuevos y sumaron muebles, colchones y ropa de cama donados por distintas familias de la comunidad, entre ellas la de un médico de Río Grande.
Antes de mudarlo a su nuevo espacio, dos enfermeras jubiladas se ocuparon de higienizar a Alarcón, un proceso que, según describió Sáenz, debió hacerse de forma progresiva por el tiempo que llevaba sin bañarse. Finalmente, el hombre fue trasladado a la vivienda refaccionada, mientras la casa original —que no contaba con sistema cloacal— quedó clausurada para evitar que volviera a ocuparla.
Un compromiso que no termina en la obra
Sáenz remarcó que el acompañamiento no se limitó a la construcción: un grupo de mujeres continúa visitando a Alarcón varias veces por semana para asistirlo y acompañarlo, dado que el hombre no tiene familia en la zona. La intención del grupo, señaló, es que Alarcón se sienta cuidado y contenido, más allá de la mejora material de su vivienda.
Sáenz adelantó además que la historia fue postulada a un reconocimiento nacional que distingue acciones solidarias, con un premio en dinero que, según explicó, el grupo destinaría a ayudar a otras familias de Tolhuin en situaciones de vulnerabilidad.





